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Martes, 27 de Octubre del 2026

La mesa de los poetas y escritores de novelas y cuentos

 

 

 

El poeta lleva siempre consigo un anotador, una libreta, algún papelito aunque sea encima y una lapicera. Al igual que los escritores de novelas y cuentos. Es detalle característico de estos señores. Puede sonar algo antipático lo que a consiguiente afirmo, pero para ellos el amor resulta absolutamente lucrativo. Hay por supuesto toda una mística alrededor, una esencia similar al bohemio en cuanto a su inspiración, la idea real de una musa o el desvelo casi obligado. Son pedantes y soberbios aunque lo nieguen, siempre se los ve en la mesa con sus hojas y la lapicera lista para componer cualquier cosa, les gusta que los traten bien y que le hagan la típica pregunta “¿Qué escribe?” —no escribe nada, quizás sea solamente la lista de compras para el supermercado o una carta pidiendo una extensión en el plazo de la factura de luz para que no se la corten. Además no hay misterio para estos tipos, la cosa está en que no escriben sobre el amor, escriben para poder acostarse con una mina. El amor llega después o no llega, pero no es motivo de aflicciones o angustias. El hombre es un bicho bastante predecible y común, nadie dudará en decir cuál es el motivo por el cual un caballero pinta un cuadro, ejecuta un instrumento, escribe un libro o escucha a Camilo Sesto o Sandro, quiere ganarse una mina, y digo una a falta de poder con todas. Si son todas mucho mejor. 

Borges decía que, según él, ninguno de sus cuentos o libros valían demasiado. Por supuesto que para todos los mortales y estudiosos, Borges es palabra autorizada, representa al gran escritor del siglo XX. Es literatura escucharlo hablar, hace parte del genio. Abusaba algunas veces de una falsa modestia, las respuestas eran filosas y astutas e ingeniosas. Era un escritor con todas las de la ley. Cumplía los requisitos. 

Estos discípulos del maestro que tenían copada una mesa del salón, se habían criado con “El libro de arena”, “El informe de Brodie”, “Cuaderno San Martín”, “Fervor de Buenos Aires”, soñaban con ser Borges, el bastón de Borges, cualquier gesto de Jorge Luis que imitaban les hacía creer que eran escritores y poetas. 

 

Finaliza en el siguiente capítulo