Me hice un only
Me hice un Onlyfans. No ahora, fue el año pasado. Juro que no miento, recuerdo el día, el mes y la hora. Fue un jueves dieciséis de octubre a las 0:00 horas. Día de mi cumpleaños.
Por supuesto que la idea principal no era ponerme en bolas, imagínense esa postal tan desagradable; ¡ojo eh! Me dijeron después que hay gente muy loca y con gustos muy particulares para eso. Podría haber sido tranquilamente una especie de Paredes o Hernán Drago, visto por un público acorde a mi, particular, belleza. Pero no quiero correrme demasiado del foco. Y perdón si no elegí el mejor término, hablando precisamente de un Only.
La idea era joder un rato y tratar de, si cabía la posibilidad, hacer unos mangos extras para comprarme algún regalo, o un fernet, depende de cuanto se podía conseguir.
El asunto es que para esas plataformas tenés que tener algo para mostrar, algo que ofrecer. Mínimo, una carpeta con un par de fotos. Yo le había choreado de la redes unas cuantas a Iván de Pineda. Claro que en cuero, semidesnudo y sin cara. Pero la cosa no terminó ahí.
Resulta que habrán entrado varias o varios a mirar, porque en cuestión de tres horas, y no miento, ya tenía cómo mínimo para una caja de fernet de litro. Satisfecho con mi recaudación de dudosa moralidad me dispuse a cerrar la cuenta. Me sentía un poco mal con el hecho de haber conseguido así la plata, pero no lo suficiente como para rechazarla.
Cuestión que en eso me empieza a sonar el celular. Miro, número desconocido. Era, para peor, una videollamada. A esa hora una videollamada y de número desconocido era algo impensado. En el apuro de querer cortar, atendí. La pantalla se puso oscura por un instante y yo miraba, a su vez, esa oscuridad sin entender qué carajo pasaba, hasta que entendí que estaba la luz apagada del otro lado, y con una pequeña especie de lamparita se podía percibir entre sombras un sillón muy cómodo de escritorio. Seguía hipnotizado mirando la nada sin poder cortar, y justo va que cuando me decido aparece una señora en bata que se sienta y me mira fijamente.
La sorpresa para los dos fue tan grande como para ustedes que no entienden un joraca lo que digo o adónde quiero llegar. Así estaba yo. Sin un rumbo, una idea, sin nada frente a una señora calenturienta que había conectado conmigo por el número que yo mismo como un idiota puse a disposición para videollamadas en el Onlyfans.
Ya llevábamos unos minutos, mirándonos nomás. Su cara había cambiado al segundo de verme, y tenía mucho sentido que eso pasara teniendo en cuenta que esperaba encontrarse con un doble de Iván de Pineda, y por el contrario me tenía a mí, que lo único parecido a Iván que debo tener es que ambos somos hombres. Pero no cortó. Por alguna razón que todavía desconocía no había cortado la llamada.
Hizo un gesto con la cara de, “¡apa! Sorpresa”. No era cara de asco, porque esa me la acuerdo bien. Esto era sorpresa e inquietud. Algo de eso la hizo quedarse.
Esto es una confusión —intenté explicarle. No, para nada nene, no te preocupes —agregó la mujer— igualmente estoy interesada.
Traté de decirle que no me dedicaba a eso y que podría enviarle el dinero nuevamente, y por la molestia le daba el doble. No me lo aceptó. Ahora me pongo a pensar en lo perversa de la mina. Solamente estaba gozando con mi incomodidad, lo disfrutaba cada vez más.
— Hacé algo para mí —me dijo, recostada en el sillón.
— No creo poder hacer algo para vos que te guste, no en este contexto —le contesté, titubeante como un escolar adolescente, pero muy pelotudo.
— Venís muy bien. Contame algo.
Ya a esa altura me sentía sucio y usado. Pero tampoco quería ceder y quedar como un cobarde. No le iba a cortar.
— Soy escritor —le dije, como lo más deserotizante que puede existir en el diálogo de una videollamada de Onlyfans.
— Me gusta —respondió la pervertida—, veo que invertí muy bien la plata.
Al toque le dije que no era uno muy bueno, ni siquiera famoso. Pero nada de eso parecía importarle. Ella lo estaba pasando realmente bien ante la patética escena que se estaba dando a las tres y media de la madrugada en una videollamada de una aplicación para degenerados, barra, degeneradas.
No les voy a decir todo lo que pasó, pero sí les digo que le conté alrededor de quince cuentos míos.
No voy a asegurar que cerré la cuenta después de eso. Tampoco les voy a decir cuál era mi nombre ficticio. Solamente les diré que, siempre puede haber un cuento mío esperándolos a las tres de la madrugada.