Yo me pregunto
Me pregunto cuántos escritores andarán por ahí sueltos. Miles, millones. Son una plaga, hay que decirlo. Por lo menos si fueran lindos como los bichitos de luz en la oscuridad, quiméricos, bellos, pero no. Los escritores son tipos y tipas horribles. Por qué negarlo.
No hay cosa más fea que un escritor; triste, maldormido, malhumorado, malvivido. Además inventa palabras, un patético total.
Todos recordamos algún escritor fracasado, claro que sí. En el barrio habrá decenas. Yo recuerdo a uno que por respeto no lo nombro. Respeto a la familia, porque él ya se murió. El hombre había editado un libro que lo ofrecía en su propio kiosco. Lleno de tierra estaba el libro, en la misma posición que él lo había puesto, hacía ya quién sabe cuánto tiempo. Nunca vendió uno. Allá en Guernica.
Me vuelvo a preguntar y no encuentro respuesta. ¿Para qué escriben esos tipos sin talento? ¿Por qué deciden dejar por todos lados sus cuentitos y papelitos desparramados por cada bar que pisan?
Litros y litros de tinta azul desperdiciada en hojas que duermen, húmedas y amarillentas en cajones.
Nunca pude responder esta pregunta, para qué sirve un tipo que en un par de líneas y a cambio de nada me puede salvar la vida.