Color amarillo
Amarillo, amarillento, cetrino, ambarino, gualdo, leonado. Definitivamente era leonado. Sí, voy a decidirme por leonado. No era amarillo, tenía el tono leonado, por lo oxidado y falto de cuidado supuse. De ese color era el colectivo que pasó (pero no era el mío).
Encendí un cigarro mientras esperaba, me miré la mano y los dedos amarillosos. Alquitrán, nicotina y vaya a saber uno que otra porquería es lo que se pega.
Por la mitad llegó el condenado, un desperdicio. Subí.
La tarde pasaba tan como si nada que era una falta de respeto haberse levantado. Pero ya estaba amarillo de estar encerrado. Para colmo cruzo la calle ¡Y el cordón recién pintado!¡Y la punta del borcego!
Como siempre, subo y elijo el primer asiento. Hacia mi izquierda (del otro lado) un hombrecillo arruinado, viejo y gastado pero lo que más me llamó la atención era el tigre en su espalda. Recordé aquel paseo al zoológico a los 5 años con mis padres, la jaula de los tigres, las noches dibujando tigres, el esmilodontes del Atlas, la piel de tigre (con cabeza) en la que me recostaba a leer. Se lo notaba muy cansado, las uñas descuidadas y negras y en los ojos la ictericia. No habré sido muy disimulado porque el chófer me hizo un gesto asintiendo con la cabeza como diciendo “sí doc, está hecho un trapo”. Sonreí apenas y bajé la mirada con vergüenza. Ya sin sorpresa noté la mancha de pintura en su zapato.
12.10.2023