Infinito
¿Qué tiene de malo el infinito? —preguntaste sabiendo que no había respuesta— ¿Qué? ¿O acaso esa hormiga que camina junto a las rejas se preocupa del infinito?
En qué tiempo vivirán los animales si desconocen la muerte, el reloj, los días —escuchaste los pasos hacia tu celda.
Esa hormiga no sabe quién soy, no sabe del tiempo ni las cosas. No conoce al carcelero ni al Dios creador; podríamos pasar toda esta tarde juntos y no sabría jamás quién soy —te sentiste triste.
Y ese sentado más allá, ¿qué espera? ¿Por qué no es libre? Si tan sólo pidiera la llave que abre la celda todo sería distinto. Solamente el carcelero se va a las dos de la tarde —miraste sin entenderme.
La hormiga no puede evitar su final, me ve, pero igual se acerca hacia mi telaraña —caminaste por la pared ansiosa por su llegada.
¿Por qué no te mueves más? ¿Por qué no adviertes a la hormiga o al carcelero? Él se va a las dos, pero regresa. La hormiga no sabe de la muerte, sin embargo viene hacia mí, Dios tiene la llave de todas las celdas, pero ¿quién le abre la celda a Dios? ¿Quién lo mira desde la pared o junto a la reja? ¿Quién le dirá a Dios que está muerto?