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Viernes, 30 de Octubre del 2026

Remeras lisas

Remeras lisas

 

 

Qué pasó en el medio; supongo que fue el duelo de la niñez a la adolescencia, el acné, las películas malas, los amores peores, la angustia, el estrés, la panza, quedarse pelados a mitad de la adolescencia y la juventud; el momento en que asumimos la mayoría de edad, el cigarrillo y el alcohol, la noche, los vicios, la existencia pegada al nihilismo más pelotudo, el desvelo, la búsqueda de un empleo horrible que nos sustente, el desempleo, la tecnología, las guerras y las pandemias, el cambio de siglo, la mala alimentación, los mundiales, la falta de sueños. Algo de eso hubo. Algo que nos hizo abandonar las remeras estampadas de Batman, He Man, y tantos otros, incluso las de bandas. 

 

Algo se rompió o se terminó un contrato implícito con ese niño que llevábamos tan vivo. Se fueron con él las ganas de mostrarles a todos, eso que nos gustaba, pertenecer, llevarlo puesto hasta sabiendo que el talle L no nos entraba más. Y llegaron ellas, las otras, las remeras lisas. Remeras de colores de adulto: negras, grises, azules, y blancas. 

 

Ya no queremos ser visibles, el anonimato nos encanta, el pasar desapercibido, el no tener que lidiar con la gente explicando por qué nos gusta llevar una remera con un estampado retro, dibujos animados, o videojuegos. 

 

Nos convertimos en esa remera lisa que no dice nada, porque ya no queremos decir nada. 





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